DOMINGO DE ORUETA Y
DUARTE
Domingo de Orueta y Duarte nació el 24 de enero
de 1862 en Málaga, España, y falleció el 16 de
enero de 1926.
FORMACIÓN
Domingo Orueta Duarte realiza en Málaga sus estudios primarios y los de perito químico, ampliando conocimientos en Inglaterra. En 1880 ingresa en la Escuela de Ingenieros de Minas de Madrid, carrera que finaliza en 1885 como el número uno de su promoción.
Siendo aún estudiante, en diciembre de 1884, tuvieron lugar una serie de terremotos en Andalucía, que afectaron especialmente a Granada y Málaga. Orueta se encontraba pasando sus vacaciones invernales en la casa familiar malagueña y tuvo oportunidad de conocer directamente sobre el terreno los daños producidos por los seísmos. Con un permiso especial del Director de la Escuela de Minas, Orueta realizó un informe en el que destaca ya la relación de lo ocurrido con las características geológicas de la zona, muy poco conocidas en esos momentos. Este informe fue presentado en la Sociedad Malagueña de Ciencias y en la Sociedad Española de Historia Natural.
Descubrimiento de platino en Ronda (España)
El 30 de octubre de 1915, presenta en el Instituto de Ingenieros Civiles, ante una audiencia muy selecta, el gran hallazgo realizado durante sus investigaciones en Ronda (en colaboración con Santiago Piña de Rubíes, del Instituto Nacional de Ciencias): el descubrimiento de platino en España. Haciendo gala de una gran generosidad, Orueta pone sus resultados a libre disposición del Estado, hecho que fue profusamente alabado y comentado en todas las esferas científicas y públicas del país. La noticia de este descubrimiento despertó el interés del Rey Alfonso XIII, quien encargó a Orueta un estudio detallado desde los puntos de vista económico y estratégico, pues además del platino existían indicios de cromo y níquel, utilizados en la fabricación de armamento y que España importaba de otros países. Para ello se incluyeron en los presupuestos del Ministerio de Fomento correspondientes a 1916 y 1917, respectivamente, la cantidad extraordinaria de 150.000 pesetas para hacer frente a las investigaciones.
HISTORIA TERREMOTOS EN
MÁLAGA
En un apresurado recorrido cronológico, y aunque podemos afirmar que en la Málaga islámica también tuvieron lugar tales fenómenos, hay que esperar a la narración contenida en los documentos posteriores para realizar una historia más completa. Especialmente intensos fueron los terremotos padecidos en 1494, 1497, 1522, 1581, 1680, 1722, 1755, 1767, 1804 y 1884. Entre ellos destacaron sobre todos los de 1680, 1755 y 1884, en donde el número de muertos y heridos alcanzó cifras importantes, con el colapso además de buena parte de las edificaciones tanto en la ciudad como en los pueblos cercanos.
Hoy día sabemos que Andalucía se encuentra en el extremo meridional de la placa euroasiática, en claro enfrentamiento con la norteafricana por la compleja actividad tectónica de las fallas, las cuales mantienen en esta zona un riesgo significativo de actividad sísmica. Unos sismos cuyas isosistas podríamos concentrar entre el sur de la provincia de Granada y la Axarquía malagueña.
No obstante, hace siglos nada de esto era sabido. Los escasos conocimientos científicos hacían pensar que la causa esencial de tales fenómenos era un «justo castigo divino por los desvaríos de los hombres». La doctrina oficial de la Iglesia buscaba una explicación providencialista ante la general ignorancia sobre la dinámica de estas fuerzas naturales.
En general, el estudio de los agentes causales de los terremotos hasta el siglo XVIII se basaba en los filósofos griegos y en la búsqueda que aquellos hacían de los principios de la naturaleza. Entre los presocráticos y materialistas pluralistas destacaron personas, como Empédocles, quienes consideraban que los principios irreductibles e inmutables del cosmos se hallaban en los cuatro elementos tradicionales: tierra, agua, aire y fuego. El desequilibrio de dichos elementos y la supremacía del fuego sobre los demás producían el sismo.
El subsuelo se hallaba distribuido en diferentes pisos, encrucijadas, calles, sótanos, fosas, lagos y dilatados abismos. Allí se depositaban «aguas impregnadas de varios azufres, betunes, sales, azogues y otros materiales». La exhalación de humos y vapores de semejantes sustancias hacía el resto.
Sin embargo, análisis tan peculiares ante lo humano y lo divino comenzaron a cambiar a partir del siglo XVIII. La llegada a nuestro país de los movimientos ilustrados propiciaron actitudes de mayor rigor incluso entre el propio clero. Las investigaciones de Buffón en su obra “Las épocas de la naturaleza” y del británico James Hutton sobre el origen de las rocas a finales de siglo se difundieron con rapidez.
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